Una mudanza puede resultar una situación de alto estrés para los chicos. Te damos nueve consejos para mantenerlos contenidos durante todo el proceso.

 

Toda mudanza implica cierto grado de estrés. Los cambios en la rutina y en el estilo de vida pueden afectar negativamente a los niños, produciéndoles miedo y ansiedad si no están bien preparados. Según estudios psicoanalíticos, ante una mudanza un niño puede volverse hosco y fácilmente irritable, lo que puede indicar signos de depresión. Si bien la mudanza puede ser un acontecimiento cargado de ansiedad para los niños, gran parte de esa carga emocional negativa puede ser aliviada por los padres, si somos conscientes de los riesgos y manejamos la situación de una manera positiva. La idea es tratar de convertir la mudanza –dentro de lo posible– en una situación de cambio favorable, y así bajar el nivel de ansiedad de nuestros hijos al mínimo posible.

Los motivos por los cuales uno se muda van a influir mucho en el nivel de estrés. Si el objetivo de la mudanza es pasarse a una casa más grande o a un barrio mejor, el trámite será emocionalmente mucho menos complejo que si hay que mudarse por motivos financieros o por el fallecimiento de un familiar. Otro factor que impacta fuerte en los niveles de estrés es el rango de edad de los chicos. Según estudios psicológicos, los niños más pequeños o bien los ya más crecidos pueden lidiar mejor con los efectos de una mudanza. Mientras que a los chicos de entre 11 y 14 años parece afectarlos más, en gran parte debido a los cambios hormonales que atraviesa su organismo a esa edad.

 

Cierta cuota de estrés es inevitable, pero sí podemos contenerlos

 

¿Podemos hacer algo al respecto? Afortunadamente para toda la familia, la respuesta es sí. Algunos tips para hacer que los chicos pasen por esta transición de una manera más llevadera:

Preparación previa

1. La comunicación es clave. Es importante que los padres les cuenten a sus hijos de la mudanza lo antes posible, que tengan tiempo de procesarlo y se vayan haciendo a la idea. Los chicos van a desarrollar niveles de ansiedad más altos si sienten que hay algo que está pasando y no saben bien qué es porque se lo están ocultando.

2. Resaltar los aspectos positivos. Los padres deben enfocarse en destacar las cualidades positivas del nuevo lugar. A veces los chicos piensan que mudarse implica dejar atrás sus cosas favoritas, así que es importante asegurarles que sus juguetes y sus mascotas van a mudarse con todos a la nueva casa.

3. Enfocarse en las cosas que no van a cambiar. Muchas veces los chicos se sienten más seguros cuando tienen una rutina que seguir y ésta se mantiene más allá de las circunstancias. Los padres pueden enfatizar los aspectos que no van a cambiar durante y después de la mudanza, como los horarios de juego, de irse a dormir, o simplemente el hecho de que van a seguir teniendo una familia que los quiere mucho y eso no va cambiar por nada del mundo.

 

Comunicar de manera abierta y sincera, transmitiendo una actitud positiva hacia el cambio

 

4. Permitirle a los chicos que tengan su despedida. Ésta no solo incluye a sus vecinos, compañeritos, amigos, sino también a sus lugares favoritos como puede ser una plaza o un parque. Hay que dejarles claro a los niños que despedirse no significa que nunca más los van a volver a ver, sino que más adelante van a poder visitarlos. Transformar el “adiós para siempre” en un “hasta luego”.

5. Evitar en lo posible que los chicos vean el camión de mudanza. Quizás sea mejor que el día de la mudanza los chicos se queden en casa de algún amiguito o pariente. Pasar por la experiencia de ver cómo todas las pertenencias de la familia se cargan en un camión y luego se las llevan puede ser una experiencia perturbadora para algunos niños.

En la casa nueva

6. El cuarto de los chicos debería ser prioridad absoluta. Dejar listo y mudado con todos sus muebles y pertenencias el dormitorio de los niños es importante porque establece un área de la casa que para ellos va a ser segura y familiar

7. Darle al niño un tiempo para acomodarse. Va a llevar tiempo adaptarse y aclimatarse a los nuevos ambientes que los rodean. Acompañar a los chicos a explorar, tanto la casa nueva como el nuevo barrio. Salir a dar una vuelta con ellos en busca de lugares de interés: una plaza, una heladería, la escuela.

8. “Hacerse amigo” del barrio. Empezar a relacionarse con los nuevos vecinos, los comerciantes, el portero, el kioskero, el chino del super, el policía de la esquina. Saludar, hacernos conocidos, que sepan que somos los nuevos vecinos del barrio. Cuanto antes podamos insertarnos dentro de la comunidad, más a gusto nos vamos a sentir todos los miembros de la familia.

9. Escuchar, escuchar y escuchar: esto aplica a todas las etapas del proceso de mudanza. Es fundamental que los chicos sepan que, sin importar cuál sea su reacción, cuentan con padres que los van a escuchar y les van a prestar atención a sus sentimientos y necesidades. Recordarles que no hay emociones correctas o incorrectas y que sus sentimientos son perfectamente válidos.

Conclusiones

Un elemento clave para reducir el estrés de los niños lo constituyen los padres, apoyándose y ayudándose mutuamente para lidiar de la mejor manera posible con esta situación de cambio. Al igual que en la mayoría de las situaciones que puedan tener un impacto negativo en las relaciones, el apoyo mutuo es vital para asegurar que tanto adultos como niños se adapten a la mudanza de la manera más fluida posible.

 

Salgan juntos a conocer el barrio y a los vecinos apenas se mudan

Feliz mudanza y a disfrutar de tu nuevo hogar en familia!